El indudable éxito de F&F Hydroponics y su producción de salanova

F&F Hydroponics

Cuando Sigfrido Fernández se trasladó de México a Puerto Rico en 1990, lo que menos imaginaba era que la hidroponía sería su destino profesional.

El ingeniero químico se estableció en la isla y pudo ejercer su carrera escogida por varios años hasta que las farmacéuticas, su mayor fuente de empleo, comenzaron a cerrar sus puertas hacia la década de 2010.

Para esos tiempos, Sigfrido bromeaba con Antonio Fadhel, amigo quien practicaba la agricultura hidropónica, sobre que necesitaría incursionar en la hidroponía porque “la piña estaba agria”.

A pesar de su moderna expansión, la hidroponía lleva desarrollándose desde hace varios siglos. Conoce sobre su trasfondo histórico aquí.

Sin embargo, la broma pasó a ser una realidad cuando Antonio ofreció ayudarle con su propia finca hidropónica. Sigfrido entonces prefirió asociarse con su amigo y pronto nació F&F Hydroponics, cuyo nombre proviene de los apellidos de los socios, quienes se dividieron las labores entre lo administrativo (el área de Sigfrido) y lo operacional (el campo de Antonio).

Primeros pasos en Ciales

La creación de la finca hidropónica en Ciales comenzó con una modesta producción de 1,000 cabezas de lechuga. Aunque el cultivo implicó grandes esfuerzos, les dio aún más trabajo conseguir compradores que adquirieran la cosecha resultante.

Los clientes buscan que los suplidores provean un servicio consistente. Si necesitan una cantidad del producto semanalmente, confiarán en los suplidores que les puedan proveer esa cantidad sin falta”, sostuvo Sigfrido en entrevista para PRFC.

Hidroponía

La diferenciación como clave del éxito

Además de proveer un servicio consistente, el agroempresario mencionó que la calidad de su producto es otra característica que ha aportado al éxito de F&F.

“Cuando comenzamos, pensamos en cómo podíamos distinguirnos en el mercado. No queríamos competir con lo que se llama la ‘lechuga del país’, ya que es un mercado saturado. Así que nos enfocamos en las lechugas importadas, como la romana”.

Al inicio, F&F sí produjo lechuga romana, pero en lo que realmente se ha destacado como compañía es con la lechuga salanova, proveniente de Dinamarca.

Esta lechuga la descubrieron luego de meses de investigación. Antonio y Sigfrido entonces hicieron los arreglos pertinentes para comprarle la semilla a una empresa danesa de manera exclusiva. Esta lechuga se parece a la Boston Bibb y es de hojas pequeñas y crujientes.

Para permanecer competitiva, F&F hizo lo posible por mantener un precio que no se fuera por encima de su competencia directa, la lechuga importada. Al ser de una calidad superior a la importada, F&F ha ganado en el mercado. “Una lechuga romana de California tarda de 14 a 15 días desde que se recoge hasta que llega al plato del consumidor, mientras que la nuestra solo tarda 2 o 3 días en completar ese recorrido”, comentó Sigfrido.

Un producto hidropónico sano y de calidad

Poder mantener una calidad y una producción constante es una de las ventajas de las fincas hidropónicas. Las plantas de lechuga crecen en viveros y se les suplen los nutrientes necesarios para su crecimiento. A la vez, los viveros proveen una manera de controlar la temperatura hasta cierto grado y protegen los cultivos contra plagas y animales. “Luego de trabajar con nuestra lechuga cultivada por medios hidropónicos, te puedo decir que jamás volvería a comer lechuga importada. Una cabeza de lechuga de California está expuesta a las plagas, las aves vuelan por encima y hacen sus necesidades… la nuestra no se expone a esos problemas”, explicó el socio de F&F Hydroponics.

Trabajo duro, exigente e implacable

Si bien la trayectoria de F&F Hydroponics ha sido exitosa, esto no ha sido porque el negocio es fácil. Al contrario, la empresa es líder en el mercado por su perseverancia. Cuatro años después de comenzar perdieron 70% de las instalaciones a causa del huracán María. No volvieron a producir hasta enero de 2018 y optaron por concentrarse en la lechuga salanova únicamente; la romana no se volvería a cultivar hasta el 2020. “La hidroponía como negocio no es para aficionados; es un negocio serio”, afirmó el agroempresario. Mantener una producción constante y de calidad requiere muchas horas de trabajo y esfuerzo.

Por otro lado, obtuvieron la certificación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) para sobresalir en el mercado, lo cual requirió modificar sus procesos e instalaciones para cumplir con los requisitos de este departamento. F&F diseñó la primera finca hidropónica puertorriqueña que adquirió esa certificación, lo que también le permitió establecerse en los mercados internacionales. Además, el acceso a capital es mejor cuando las entidades que proveen ese servicio pueden identificar que la empresa es seria, productiva y que se juega la vida en la industria.

Otros retos a los que se enfrentan son los del mercado, ya que el precio de la lechuga está dictado por las grandes fincas de California. El precio de la lechuga incrementa cuando hay escasez, algo que sucede con frecuencia debido a los fuegos forestales en ese estado. Este fenómeno favorece a la industria local, pero cuando hay abundancia sucede lo inverso: en Puerto Rico nos vemos forzados a disminuir el precio de la lechuga porque la que proviene del oeste estadounidense está por debajo de lo normal.

La prosperidad sin límites

A pesar de todo, Antonio y Sigfrido han prosperado en el negocio. Ya están a punto de cultivar más lechuga en un terreno que adquirieron al lado de la finca actual. Además, han regresado al mercado con su lechuga romana. Habrán comenzado humildemente con la producción de 1,000 cabezas de lechuga por semana, pero hoy día producen 18,000 en el mismo periodo de tiempo. En fin, F&F Hydroponics apuesta por su producto y siempre va por más.

Hidroponía

 

*Las imágenes utilizadas fueron recopiladas de las redes sociales de LettuFresh.

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